Después de que las impactantes imágenes del Desierto de Atacama lleno de desechos textiles dieran la vuelta al mundo, Santiago se posicionó en la vereda opuesta al batir una marca global. En un solo día se intercambiaron más de 2.300 prendas usadas, alzando la voz contra el fast fashion.
Santiago de Chile cambió su imagen global este fin de semana. Tras ser tristemente célebre por las gigantescas montañas de ropa desechada en el Desierto de Atacama, el país sudamericano logró un hito de moda circular al conseguir el Récord Guinness del mayor intercambio de ropa del mundo.
El evento, que se extendió por ocho horas en el Centro Cultural La Moneda, en el corazón de Santiago, vio el trueque de más de 2.300 prendas en perfecto estado. La actividad no solo buscó establecer la marca, sino también denunciar la sobreproducción textil a nivel global y la «emergencia medioambiental» que generan estos residuos.
La paradoja chilena: 32 kilos de ropa por persona al año
Chile es un país de contrastes en materia de moda. Por un lado, es el cuarto país del mundo que más textiles usados importa (unas 46.287 toneladas solo en 2021), una gran parte de la cual termina ilegalmente vertida en el vasto desierto de Atacama, creando uno de los mayores vertederos de ropa del planeta.
Por otro lado, la conciencia ambiental está creciendo. Según datos del Ministerio de Medio Ambiente, cada chileno consume en promedio 32 kilos de textiles al año, generando más de 572.000 toneladas de residuos.
«Hemos normalizado que la ropa sea un elemento completamente desechable, que vayas de compras como forma de terapia», criticó María José Gómez Gracia, fundadora de The Ropantic Show, la startup de moda circular que organizó el récord. La emprendedora chilena lamentó que menos del 1% de las prendas se recicla a nivel global debido a su complejidad y altos costos.
La juventud impulsa la moda de segunda mano
El fenómeno del consumo desmedido, conocido como fast fashion, ha llevado a Naciones Unidas a calificar a la industria textil como una «emergencia medioambiental y social», responsable del 20% de las aguas residuales y del 10% de las emisiones globales de Gases de Efecto Invernadero.
En Santiago, jóvenes como Antonia Jerez, de 21 años, ejemplifican el cambio de hábito. «Yo tomé la decisión hace un tiempo de comprar casi todo de segunda mano o hacer trueques. En la universidad hacemos muchos», comentó mientras revisaba los más de 50 estantes de ropa.
Para otros, como la traductora Antonia Castilla, de 28 años, la moda circular es también una forma de distinción: «Siento que todos se visten igual, que todo el mundo compra la misma ropa en las tiendas retail y esto del reciclaje de alguna manera es ropa única, con historia y con personalidad«.
El Gobierno chileno intentó abordar la crisis en junio, al declarar los textiles como productos prioritarios de la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor (REP). Sin embargo, activistas sostienen que se necesitan más acciones concretas para solucionar el desastre ambiental en Atacama.
«Dimos la vuelta al mundo por las montañas de ropa en el desierto; ojalá que nos reconozcan hoy por la solución«, concluyó Gómez Gracia, esperando que el nuevo Récord Guinness ponga a Chile en el mapa de la sustentabilidad.





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