El Presidente abrió los trabajos del foro que este año encabeza la Argentina. Ratificó la alianza con el gobierno israelí, lanzó duras críticas a la izquierda y justificó la decisión de calificar a Hamas como organización terrorista.
Javier Milei encabezó este lunes la apertura del primer plenario de la Alianza Internacional para la Memoria del Holocausto (IHRA), organismo conformado por más de 40 países y cuya presidencia temporal está a cargo de la República Argentina. Con un discurso cargado de definiciones ideológicas y geopolíticas, el mandatario ratificó el alineamiento absoluto de su gestión con el Estado de Israel, apuntó contra el terrorismo islámico y advirtió sobre el crecimiento global del antisemitismo.
«Que Argentina sea el primer país latinoamericano en presidir la IHRA nos enorgullece profundamente», comenzó el jefe de Estado, destacando el rol histórico del país como receptor de sobrevivientes de la Shoá, aunque también asumió una mirada autocrítica sobre el pasado: «Debemos mirar de frente el hecho de que, al mismo tiempo, le abrimos las puertas a criminales de guerra nazis y colaboradores». En esa línea, adelantó que la Cancillería impulsa una iniciativa para facilitar el acceso a los archivos vinculados a la Segunda Guerra Mundial.
El núcleo de la presentación presidencial estuvo marcado por la encendida defensa del rol de Israel en el escenario global contemporáneo, hilvanando una justificación moral y utilitaria de su posicionamiento internacional:
«Tengamos presente esto: Israel es el bastión de Occidente. Si Israel cayera, luego viene Occidente. Debemos defender la posición de Israel desde un lugar moral porque es una causa justa. Pero si no quieren entenderlo como una causa justa, habría que entenderlo como una cuestión utilitaria. Si se llevaran puesto a Israel, se van a llevar puesto a Occidente».
Críticas a la «alianza implícita» y medidas locales
Fiel a su estilo de confrontación con los sectores de la izquierda, Milei no dudó en señalar la existencia de lo que denominó «una alianza implícita entre la izquierda radical y el terrorismo islamita», argumentando que el hilo conductor que une a ambos sectores no es otro que «el odio a la civilización occidental». En tal sentido, calificó la proliferación del antisemitismo como «el canario en la mina de la decadencia» y exigió compromisos reales y no meramente discursivos a los países miembros.
Para ejemplificar este enfoque de «acción política», el Presidente repasó las recientes decisiones que adoptó su administración en materia de política exterior y seguridad interior. «Declaramos a Hamas, a la Guardia Revolucionaria Iraní y a las fuerzas Quds como organizaciones terroristas», recordó, al tiempo que remarcó la expulsión del encargado de negocios del régimen iraní de Buenos Aires y el avance de los lineamientos locales en sintonía con los Acuerdos de Abraham.
Finalmente, el mandatario vinculó la agenda de la IHRA con la propia historia local de atentados perpetrados durante la década del 90. «Sufrimos los atentados terroristas contra la Embajada de Israel y contra la AMIA, heridas que todavía atraviesan nuestra conciencia nacional y continúan reclamando justicia», concluyó, antes de cerrar su alocución con su habitual arenga: «Que las fuerzas del cielo nos acompañen».




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