Política

El peronismo es un espacio de traiciones internas por amor a la caja

El peronismo riojano se ha caracterizado por cambiarse de camiseta sin bañarse. Los que defendían el modelo de Ángel Maza, y luego de su destitución, fueron escuderos de Luis Beder Herrera. Ese bederismo fue posteriormente armador del fracaso proyecto reeleccionista de Sergio Casas hasta que la Corte Suprema cortó de raíz cualquier intentona.

Los ex mazistas, ex bederistas y ex casistas ahora son lo que tratan que el gobernador Ricardo Quintela construya poder propio dentro también del Partido Justicialista.

Casas, actual titular del peronismo riojano, se encamina a ser el nuevo “conejito de India” del oficialismo riojano, a través de experimentos que harán sus propios ex empleados en el gobierno. Con el fin de crecer dentro del mundo de Quintela buscarán deslegitimar su accionar partidario para que nazca una nueva luz en la Casa de Todos.

El ex gobernador ocupará el mismo lugar que lo tuvo a Beder Herrera cuando el Congreso partidario del ex vicegobernador Miguel Ángel Asís lo vacío de dirigentes para producir su salida. Eso no fue la único, ya que más tarde lo dejaron sin sello partidario con el propósito que se bajara de su candidatura a gobernador. Si hubiera avalado esa estrategia, hoy el radical Julio Martínez estaría al frente del Poder Ejecutivo.

El propio peronismo es impulsor de las traiciones partidarias para congraciarse con la caja del Gobierno de La Rioja. Pasó en los últimos días con el ex intendenta de Chilecito, Silvia Gaitán, que salió a criticar públicamente a Beder Herrera, quien fue su financista como política de Nonogasta hasta que fue desterrada por Rodrígo Brizuela y Doria, socio de Fernando Rejal.

El mismísimo Oscar Chamía fue quien levantó las barricadas de defensa para que no se destituyera a Maza y hoy sus comentarios han sido viralizados en los grupos de Whatsapp sobre el jefe de Gabinete, Juan Luna Corzo.

Hoy los Beder Boy´s integran el neo-quintelismo tras haber pasado por los cuatro años casistas sin ser tocados y hasta han mejorado su performance. Ni hablar de los diputados e intendentes que se pasan de bando en el peronismo sin ponerse colorados.

Hasta el propio Quintela que enfrentó en las calles a Maza y luego Beder Herrera, y hoy les llama para consultarlo por lineamientos de Gobierno. Así se dan las cosas dentro del justicialismo gobernante que lo hace en la provincia desde 1983, desde el regreso de la democracia.

Hasta Carlos Menem lo vivió en carne propia cuando Maza y Beder Herrera lo desconocieron para ganarse el corazón del desaparecido Néstor Kirchner. Hoy Menem habla con Cristina Fernández de Kirchner.

Y así en cada uno de los espacios de poder con funcionarios de segunda y tercera línea que cada cuatro u ocho años cambian la foto de perfil por el gobernador de turno.

Esa es la cooperativa del peronismo que dentro de sus propias traiciones ya perdió el principal bastión, como es Capital, en manos de la opositora Juntos por La Rioja y hasta en el centro de la ciudad de Chilecito también recibió mensajes poco alentadores.

Ya se fue mitad de año y en el 2021 habrá elecciones legislativas, que serán el paso previo de la reelección de Quintela, en un mundo que solo la lealtad peronista demostrada por los hechos pasa por la caja del Ministerio de Hacienda.

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