Se trata de un mineral que se encuentra en las provincias de la Puna y que es clave para las baterías eléctricas. Chile, Bolivia y Argentina conforman un triángulo geográfico que alberga el 46% de las reservas mundiales.
Por Jorgelina Hiba de la Universidad Nacional de Rosario para Aire FM
“¿Qué es el litio? Es ese elemento de la tabla periódica del cual nunca nadie aprendió nada en la escuela y que ahora todos se disputan” dice entre risas Melisa Argento, docente e investigadora de la Universidad Nacional de Rosario especializada en la economía de este mineral hasta hace nada desconocido para la enorme mayoría de las personas, que hoy aparece como el nuevo bocado natural que se disputan las grandes potencias y las mega corporaciones para asegurarse un eslabón clave en la transición energética hacia energías limpias.
El litio (Li) es un mineral esencial para la fabricación de baterías eléctricas y se ha convertido en un enorme imán geoestratégico en América del Sur, donde –según los últimos datos disponibles del Servicio Geológico de los Estados Unidos- Chile, Bolivia y Argentina conforman un triángulo geográfico que alberga el 46% de las reservas mundiales. Se calcula que Argentina tiene la tercer mayor reserva con una participación del 10,4% (primero Chile con el 35,7% de las reservas mundiales y segundo Australia, con el 23,8%).
Con una demanda creciente sobre todo por parte de la industria automotriz, el precio del litio pasó en pocos años de 7 mil a unos 40 mil dólares la tonelada, acelerando los flujos de inversión, los negocios y también multiplicando la demanda del recurso agua para su explotación en zonas áridas, como la Puna argentina. “La crisis climática nos obliga a salir de forma urgente del régimen de combustibles fósiles y el litio es un camino clave para eso”, agregó Argento.
El oro blanco
Según un trabajo publicado hace pocas semanas por el portal Chequeado, el litio, al que muchos llaman el oro blanco, es un metal alcalino blanco muy ligero que no existe en estado libre en la naturaleza, sino solamente en compuestos. Entre sus muy variadas propiedades, una de las más codiciadas es su capacidad para almacenar grandes cantidades de energía.

Argentina tiene la tercera mayor reserva de litio con una participación del 10,4%.
Este mineral se encuentra en los salares de altura de la cordillera de los Andes, en la región de la Puna argentina, que abarca las provincias de Jujuy, Salta, La Rioja, Catamarca y la parte norte de San Juan. Desde allí se extrae a través de perforaciones profundas para extraer una especie de salmuera que se pone a decantar en grandes piletones.
Durante los últimos años, la demanda global de litio no ha parado de crecer, más que nada por su importancia en la fabricación de baterías ya que una de sus propiedades es su capacidad de almacenar grandes cantidades de energía. La demanda está impulsada cada vez más por la poderosa industria automotriz, que se está reconvirtiendo de forma acelerada para seguir existiendo dejando de lado lo que hasta hace nada era su marca registrada: el uso de combustibles fósiles.
En opinión de Argento, que hace una década trabaja sobre el tema, Argentina tiene un muy endeble marco normativo para esta industria, lo que no permite ni que haya una captación de renta importante ni que se desarrolle a la par un “entramado productivo en la propia cadena de valor de las baterías”. Más grave aún: es tan frágil la presencia del Estado sea para cobrar impuestos, sea para monitorear los impactos de todo tipo, que la propia geografía del lugar se tambalea ante la ausencia total de controles socioambientales.
Precio y demanda
El litio llegó a sus precios máximos en el cuarto trimestre del año pasado, cuando el valor del carbonato de litio (lo que se usa para la fabricación de baterías eléctricas) llegó en el mercado chino a los 84 mil dólares la tonelada. Desde ese momento hasta ahora se desplomó casi en un 50% -los datos son de la agencia Bloomberg- por razones atadas a una desaceleración en las ventas de vehículos eléctricos y a una mayor oferta del mineral.
El boom de los precios del litio comenzó en 2021, cuando la tonelada costaba unos 10 mil dólares. Rápidamente subió a 15 mil para terminar el año en 42 mil dólares a final de año. Eso se multiplicó todavía más durante 2022 con valores que subieron al rango de los 78 mil dólares con máximos de casi 85 mil, para luego volver a acomodarse en torno a los 45 mil dólares la tonelada.

El litio, al que muchos llaman el oro blanco, es un metal alcalino blanco muy ligero que no existe en estado libre en la naturaleza, sino solamente en compuestos.
En Argentina hay solo dos proyectos que se encuentran en etapa de producción, uno de la empresa estadounidense Livent y el otro de la australiana Allkem, líderes en la industria del litio en el mundo. Hace pocos días, ambas corporaciones anunciaron un acuerdo definitivo para avanzar en una fusión entre iguales que permitirá crear una nueva compañía con una valuación de 10.600 millones de dólares.
Las críticas socioambientales
Todo el proceso de explotación y posterior decantación de la salmuera a partir de la cual se extrae el litio consume enormes cantidades de agua. En ese punto es donde aparecen los cuestionamientos de organizaciones ambientalistas como la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN) y también Wetlands International, que advierten que la extracción de litio -sobre todo si se hace mediante la evaporación- “implica una enorme pérdida de agua y produce una salinización del agua dulce”.
Esto significa una amenaza importante para los humedales altoandinos, ecosistemas muy delicados ubicados a más de 4 mil metros de altura, cuya buena salud depende de un sistema que funcione en equilibrio y no bajo la presión de una gran industria extractivista. De hecho, esto llevó a que durante la discusión por la Ley de Humedales tanto el sector minero como los gobernadores del norte cordillerano estuvieran entre los actores que más se opusieran a una normativa que buscaba ordenar los usos productivos de esos ecosistemas, que entre otras riquezas albergan las reservas de litio.
Otro punto crítico es la voz y el lugar de las comunidades de pueblos originarios que viven desde siempre en esos territorios, que hoy se encuentran con una industria transnacional que utiliza a mansalva un recurso escaso como es el agua “sacrificando” el equilibrio del ecosistema en pos de una renta transnacional. “Existe una resistencia de estas comunidades desde hace una década ya, en una relación de fuerza muy desigual”, detalla la investigadora de la UNR.